sábado, 11 de diciembre de 2010

ESPACIO DEL ESCRITOR INVITADO DICIEMBRE 2010/ENERO 2011




UN RELATO DEL ESCRITOR Y POETA

DAVID ANTONIO SORBILLE



UN CUADRO DE MURILLO*


Todas las mañanas los observo caminando con su atado de papeles y cartones. Todas las tardes, algunos de ellos hacen fila alrededor de una panadería. Son los mismos que en las noches calurosas o frías, revisan los cestos y abren la basura para juntar restos de comida.
Cuando los veo transitar las calles, no creo para nada en el discurso racista que sostiene que no sirven para otra cosa que para pedir limosna. En realidad, siento vergüenza, propia y ajena.
Hace una década también había pobres, y una década anterior, y una, dos, tres, siempre hubo pobres, como suelen decir en ciertos ámbitos, pero también existía antes lo que desde los últimos años falta, es decir, la esperanza.
Es cierto, que en toda sociedad hay ricos y no tan ricos, pero la época despiadada de los grandes capitalistas y mercaderes, ha marginado a una proporción de habitantes de una forma como no se había presenciado nunca.
El vaciamiento de empresas públicas, sirvió para rematar o privatizar el patrimonio social de la nación y cancelar por ese medio, todo tipo de ayuda popular más o menos digna que provenía del aparato estatal.
Mientras tanto, esos niños siguen andando las calles y los pasajes de mi barrio, deambulan con sus paquetes sin rumbo fijo, o tal vez, hacia los grandes galpones donde un mayorista les abone con algunas monedas el sacrificio diario.
Esos pequeños provienen de muy lejos, y viajan dejando jirones de su infancia perdida en otro tiempo, donde se los proclamaba como únicos privilegiados.
Ahora, son la última escala, el último peldaño de una escalera sin fin, receptores de la indiferencia y la miseria, y aunque están por todas partes, una vez pretendí recordarlos en un célebre cuadro, en donde tres niños sentados en la calle, se reparten un mendrugo de pan.
En aquella oportunidad, sentí la necesidad de contar con esa pintura para tener en cuenta por el resto de mi vida, la imagen de la pobreza.
Lo que sucede, es que la generación a la que pertenezco no la conoció, por lo menos de esta forma, y el lienzo admirable de color y sombra repartida entre los cuerpos de esos pequeños dominó mis sentidos.
Me interesé luego, por la figura del notable pintor español Bartolomé Esteban Murillo, que nació en Sevilla en 1617, y falleció en 1682 como consecuencia del golpe sufrido al caer de un andamio mientras pintaba “Los desposorios de Santa Catalina”, del retablo mayor de los capuchinos de Cádiz. Huérfano a los diez años, la vida le otorga a su bondadoso carácter, la posibilidad de desarrollar su talento en una de las cuatro escuelas de pintura más importantes de su ciudad natal.

Ya consagrado, Murillo se destaca por una obra pictórica de hondo contenido religioso, además de brindar su atención y exquisita calidad a ese mundo de la niñez contemplado desde la ternura y la sencillez. Entre 1670 y 1675, se sitúan los cuadros: “Niños jugando a los dados”, “Niños comiendo pastel”, “Niñas contando dinero” y “Vieja despiojando a un niño”.

Ahora, me sitúo frente a la pared central del comedor de mi casa y trato de observar nuevamente, a una de esas célebres pinturas que compré en una calle del barrio de Villa del Parque hace muchos años, y doy cuenta de la leve sonrisa esbozada en esos rostros ingenuos rodeados de miseria.
La conclusión, es que admiro a Murillo, me deslumbra, pero la realidad de este tiempo, me dice que esos pequeños vagabundos que andan todos los días con sus paquetes al hombro, no tienen siquiera la oportunidad de reír como los aprecio en el cuadro.

*DEL LIBRO “LOS LUGARES COMUNES Y OTROS RELATOS”
EDICIONES AqL, AÑO 2010

David Antonio Sorbille:


Escritor argentino nacido el 10 de febrero de 1950 en la Capital Federal, donde reside. Fue cronista literario del periódico El Pueblo, colaboró en el Diario de los Poetas de la Editorial 3+1, y es asesor literario del programa radial "Nuestro Continente" en FM 98.7 “Nacional Folklórica”. Obtuvo premios en varios concursos literarios, y publicó: “Las Huellas del Silencio” (poesías, 1999), “Los senderos del alma” (poesías, 2001), “Los muros herméticos y otros relatos” (cuentos, 2001), “Eternamente” (poemario, 2002), “Ofrenda Lírica” (poemario, 2003), “Señales de Vida” (ensayos, 2003). Además, coparticipó en “Tríptico en Epsilon” (poesías, 1998), “Tríptico en Kappa” (poesías, 2000), “Tres para todos” (poesías y relatos, 2006) y escribe su libro de poemas “El Fusil de Trigo”. En el 2007 escribe las novelas “La Memoria del Olvido” y “El Oficio del Tiempo”, y coparticipa en el ensayo “La Guerra Olvidada”. En el 2009 publica “Semblanzas Recobradas” (ensayos) y en 2010 “Los lugares comunes y otros relatos”.











3 comentarios:

Dejistani Elisa dijo...

Querido David,

bienvenido a mi "casa virtual", un placer hospedarte y compartir tus trabajos. Felicitaciones.
Un abrazo
Eli

ciudadanolatinoamericano dijo...

David Antonio Sorbille dijo...
Cara Elisa: Encantado por tu gentileza de publicarme en tu excelente blog. Un abrazo.

galáctica dijo...

Queridos David y Elisa: una obra que nos hace sentir la vida como es,en el mundo de los que no tienen derecho a la infancia.
La conexión con el pintor Murillo está muy bien realizada y es muy gráfica. Un beso muy grande de Irene Marks